El pan en la literatura

La cultura popular, el refranero y la literatura están llenos de referencias a este alimento universal

enero 18, 2018

El pan en la literatura

Recogemos algunas de las numerosas referencias que forman parte del acervo popular o que aparecen en la literatura universal sobre este alimento humilde, pero tan importante, cuya falta puede hacer insoportable una espera: más largo que un día sin pan.

Demócrito y el descubrimiento del átomo

Hacia el año 400 a.C., el filósofo griego Demócrito, al disfrutar oliendo un pan recién horneado se planteó cómo era posible que su nariz pudiese oler a distancia el pan, sin no había contacto con él. Con el uso exclusivo de su imaginación se planteó que debían ser diminutas partículas de pan, invisbles a la vista, que transportaban las propiedades del alimento llevándolas flotando hasta su nariz.

Este pensamiento le llevó a plantear que sería posible fraccionar un trozo de pan en migas cada vez más pequeñas, hasta llegar a un punto que serían indivisibles. Llamó a estas partículas indivisibles átomos, que en griego significa “indivisible”.

Como añadido al gran logro de este  pensador avanzado, en 1599, el monje italiano Giordano Bruno fue enviado a la hoguera por la Inquisición, tras anunciar la existencia del átomo.

Medio telera moreno

Con pan y vino bien se anda el camino

El refranero popular enseña que para soportar las fatigas del camino, son necesarias una alimentación y una bebida adecuadas, o dicho de otra forma, contando con lo básico para estar alimentado, se puede emprender viaje. Este refrán tiene su origen en un dicho castellano: el pan y el vino eran fundamentales en los caminos de los viajeros de tiempos pasados, en concreto de la Edad Media. Pero no sólo encontramos su importancia en Castilla o el área hispana, sino que debía ser algo general a los viajeros europeos de aquellos tiempos (Fuente Pérez, M.J. 1995. «Con pan y vino se anda el camino. Los viajes en la Castilla medieval», Espacio, Tiempo y Forma)

Los panes de España

El escritor José Martínez Ruiz, conocido como Azorín (1873-1967), dedicó muchas de sus páginas a los placeres gastronómicos, a los recuerdos de la cocina de su tierra natal y a los de su madre. Al estallar la Guerra Civil española huyó de Madrid y vivió en París, donde escribió algunos textos recogidos en su libro Madrid (1941). Entre otros, el titulado “El pan de España”, el elogio al alimento más humilde y universal:

«¡Cuántos nombres que tiene el pan en España! ¡Y cómo en España es más que en ningún otro país el alimento fundamental! Tenemos la hogaza; dicen los diccionarios que la hogaza es un pan mayor de dos libras; otros reducen el vocablo a pan casero. Poco antes hay que hacer distinción esencial entre el pan leudado, con levadura -eso es leuda-, y pan sin ella, pan ácimo o cenceño. Y no olvidemos tampoco que hay pan con sal y pan no salado. De niño, el pan que yo comía, pan prieto o moreno, no tenía sal; no se le ponía sal en mi tierra para que los servidores y labriegos, a quienes se mantenía, comieran menos pan. […] ¡Cuántos nombres, te repito, tiene entre nosotros el pan! No sé si los recordaré todos. Hogaza, sea o no de dos libras; mollete, amasado con harina de flor; bodigo, doblado, que es un aragonesismo, según creo; la oblada es, no sé si me equivoco, el panecito que se ofrenda a los muertos. […] ¿Y todos los vocablos que pululan en torno del pan? En el cuartito donde en mi casa se amasaba, no todos los días, vi una pintadera. Y en unas fiestas, panes pintados. Cuando se amasaba en casa, los panes se llevaban al horno en un tablero, llamados en el diccionario añacales, cubiertos los panes con mantitas de lana a fajas verdes, azules, rojas, amarillas. He visto también en los lexicones que el precio de la cochura en el horno se llama hornaje. Y que la leña con que se calienta el horno lleva el nombre de hornija».

El texto hace una relación de los múltiples vocables con que se conoce este preciado alimento, el pan: hogaza, mollete, rosca, libreta, telera, morena, oblada, bodigo, zatico, cantero, corrusco, pan leudado, pan ácimo, pan pintado, pan candeal, pan moreno, etc.

Las roscas de Utrera

Las roscas de Utrera y el pan de Gandul eran tan populares por tierras sevillanas que aparecen mencionados con esos nombres por grandes nombres de la literatura española:

¡Pan de Gandul de mi vida.
roscas de Utrera del cielo!
(Lope de Vega)

Entre dos roscas de Utrera
Que por estos ojos vi,
Unas lonjas de tocino
Como corcho de chapín.
(Cervantes)

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